Hay personas que se plantean y deciden organizar su vida o una parte de ella en torno a tareas altruistas, humanitarias, en beneficio directo de sus semejantes. El hecho de que estas personas, por lo general, estén adscritos a alguna organización o institución no supone que su labor sea en beneficio de la misma. No debe serlo. Muy al contrario, una organización así se justifica en función del apoyo a una finalidad ajena a intereses propios. Cuando una actitud de esa naturaleza obedece a una fuerte convicción religiosa, en especial, si es el resultado de una llamada basada en el espíritu evangélico, nos encontramos con la práctica más abnegada de la fe.
En estos casos las personas tienen claro su compromiso para con el prójimo, ven al necesitado como hermano en tanto que humano, le prestan ayuda espiritual y material sin condicionamientos basados en la garantía de una respuesta favorable a la institución religiosa o a la religión concreta que se profese. Eso no obstante, otros muchos, la inmensa mayoría de cuantos profesan una fe viva hacen algo parecido de una manera más discreta, viven y ejercen su influencia cristiana en su entorno más inmediato. De una u otra manera hacen de su vida una dedicación a Dios sin necesidad de una formalidad explícita a manera de contrato al que hay que estar sujeto. En todo caso, difícilmente una persona dotada de un espíritu desinteresado de servicio y ayuda a su semejante, más aún si mantiene un estrecho apego al contenido bíblico, podría quedarse en un corsé semejante a lo que se detalla en el párrafo siguiente y considerarlo como la práctica genuina del cristianismo:

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Octubre 15, 2007 · Publicado en Bautismo  
    

Inicialmente, entre los Estudiantes de la Biblia del tiempo de Russell, no hubo problema por el hecho de que uno hubiese sido bautizado dentro de alguna de las diversas denominaciones cristianas de entonces. Lo único importante era si uno entendía el significado del bautismo y si se había llevado a cabo por inmersión.
(Recuerdo a mi tío, Fred Franz, siendo ya vicepresidente de la Watch Tower, remarcándome que si su bautismo se había llevado a cabo por inmersión en la iglesia Presbiteriana -en lugar de por aspersión- habría de ser considerado válido).Así fue considerado por siete décadas. Tan tarde como en 1955, The Watch Tower del 1 de Julio de ese año (página 412) estableció que era necesario bautizarse únicamente si “el bautismo anterior no había sido en símbolo de dedicación” o no había sido llevado a cabo por inmersión. Un año más tarde, se cambió la situación en The Watch Tower del 1 de Julio de 1956. Decía así (página 406):
BAUTISMO POR SEGUNDA VEZ
14 A menudo se hace la pregunta en cuanto a si una persona que ha sido bautizada previamente mediante una ceremonia llevada a cabo por algún otro grupo religioso debería bautizarse de nuevo al adquirir conocimiento exacto de la verdad y haberse dedicado a Jehová. Por lo que queda dicho, hay razón convincente para decir que sí, uno debe ser bautizado de nuevo. Obviamente, nadie, dentro de tales sistemas religiosos ha sido realmente bautizado “en el nombre del Padre, del Hijo y del espíritu santo,” ya que al ser bautizado de ese modo, se comprende la autoridad y la posición de esas auténticas Autoridades Superiores. Y, si previamente se había dedicado a Jehová, la persona se habría separado del sistema Babilónico que deshonra a Dios, incluso antes de permitir que le bautizaran. De modo que lo importante no es el acto de ser bautizado, sino más bien lo que ese acto simboliza.

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Octubre 15, 2007 · Publicado en Bautismo