5 oct 07

Se podrían citar muchas más pero con estas supongo que será suficiente:

w80 1/8 17-18 Permanezcan “sólidos en la fe”

2 La palabra “apostasía” viene de un término griego que significa “el colocarse fuera de,” “un apartarse, defección,” “rebelión, abandono.” El primero que se apartó de la adoración verdadera de Jehová fue Satanás el Diablo. Él fue, por lo tanto, el primer apóstata. (Juan 8:44) Él hizo que la primera pareja humana apostatara. (Génesis, capítulo 3) Muy temprano en la historia de Israel hubo quienes ‘se apartaron’ o ‘se desviaron’ de la adoración verdadera. Leemos:

“Ni siquiera a sus jueces escuchaban, sino que tenían ayuntamiento inmoral con otros dioses y se inclinaban ante ellos. Rápidamente se desviaron del camino en que habían andado sus antepasados al obedecer los mandamientos de Jehová.”—Jue. 2:17.

3 Más tarde, muchos de los reyes de Israel y también de Judá se hicieron apóstatas y condujeron a las naciones sobre las cuales gobernaban a un derrotero de apostasía. Dios castigó primero al reino norteño de Israel, diciendo: “[A Asiria] contra una nación apóstata [Israel] lo enviaré.” (Isa. 10:6) Y justamente antes de que Jerusalén, la capital de Judá, fuera destruida a manos de los babilonios, Jehová declaró: “De los profetas de Jerusalén ha salido la apostasía a toda la tierra.” (Jer. 23:15) La apostasía o el apartarse de la fe verdadera ciertamente no trajo bendiciones a Israel y Judá.

Apostasía entre los cristianos primitivos

4 Muy al principio de su ministerio terrestre, Jesús advirtió a sus seguidores que habría apóstatas. En su Sermón del Monte, dijo:

“Entren por la puerta angosta; porque ancho y espacioso es el camino que conduce a la destrucción, y muchos son los que entran por él; mientras que angosta es la puerta y estrecho el camino que conduce a la vida, y pocos son los que la hallan. Guárdense de los falsos profetas que vienen a ustedes en ropa de oveja, pero por dentro son lobos voraces. Por sus frutos los reconocerán.”—Mat. 7:13-16.

5 Veinticinco años después, Pablo advirtió a los ancianos cristianos de Éfeso: “Yo sé que después de mi partida entrarán entre ustedes lobos opresivos y no tratarán al rebaño con ternura, y de entre ustedes mismos se levantarán varones y hablarán cosas torcidas para arrastrar a los discípulos tras sí.” (Hech. 20:29, 30) En el último de sus escritos inspirados Pablo mencionó a unos cuantos de los apóstatas del primer siglo. Advirtió a Timoteo: “Evita las vanas palabrerías que violan lo que es santo; porque avanzarán a más y más impiedad, y su palabra se esparcirá como gangrena. Himeneo y Fileto son de ese grupo. Estos mismos se han desviado de la verdad, . . . y están subvirtiendo la fe de algunos.” “Alejandro el calderero me hizo muchos males . . . guárdate de él, porque resistió a nuestras palabras a grado excesivo.”—2 Tim. 2:16-18; 4:14, 15.

6 Si analizamos estas advertencias que dieron Jesús y Pablo, surgen los siguientes rasgos que identifican a los apóstatas típicos:

(1) Desviación de la verdad.

Esto es lo que hace La WT con el interes de usurpar el lugar que solo a Cristo le corresponde, como el Camino, La Verdad Y la Vida. Jn 14:6

(2) Habla torcida, vacía; Los puntos 3, 4 y 5 dan respuesta a este

(3) Esfuerzos por subvertir la fe de algunos y arrastrar discípulos tras de sí, O tras de una organización en vez de tras de Cristo

(4) Hipocresía (‘lobos en ropa de oveja’) Engañadores Timadores Compárese con la caida de Jerusalén si fue en el 607 o más bien en 587

(5) Reconocibles por sus frutos; ‘avanzan a más y más impiedad’ Con mentiras documentadas, como a mí me han contestado en respuesta a mi solicitud de borrado de datos, de que nunca han tenido mis datos en un archivo, ¿De donde venían la atalayas con etiqueta impresa mecánicamente, que obran en mi poder?

Estas señales reveladoras habían de servir para ayudar a los cristianos primitivos a identificar rápidamente a los apóstatas y a ‘guardarse de ellos.’

w80 15/10 21-2 Ahora es cuando hay que seleccionar la ruta correcta

12 ¡Cuánto se parece a la situación crítica de Baruc la situación de nosotros las personas informadas de hoy! Esto es especialmente cierto a partir del año 1914, porque desde entonces los testigos de Jehová han predicado que la cristiandad, el antitipo moderno de la Jerusalén infiel, sería destruida por alguien mayor que Nabucodonosor, el rey celestial Jesucristo que ya está reinando. Por eso, sería muy poco aconsejable el que alguien que estuviera en relación de pacto con Dios estuviera buscando “cosas grandes” para sí mismo en un tiempo tan grave como éste en este sistema de cosas en derrumbe. Tal proceder mostraría que no se comprende que estamos viviendo en el “tiempo del fin.” Mostraría falta de fe y de confianza en lo correcto y oportuno del mensaje que proclama la clase de Jeremías respecto al juicio condenatorio de este viejo sistema de cosas. ¡La vida de uno, su “alma,” está en peligro ahora! Jehová está a punto de hacer su obra de demoler y desarraigar, por medio de un agente más poderoso que Nabucodonosor, Jesucristo. ¿Queremos que se nos ejecute junto con el antitipo moderno de la Jerusalén apóstata, la cristiandad? Si no, entonces tenemos que tomar nuestra decisión mientras todavía haya tiempo, para hacer lo que Jehová le dijo a Baruc el secretario de Jeremías que hiciera, es decir, dejar de buscar “cosas grandes” en este mundo.

w78 1/3 14 Fortificados para hablar las palabras de Jehová

11 Desde que los “tiempos señalados de las naciones” se completaron en 1914, estas naciones han sacrificado airadamente 69 millones de vidas en dos guerras mundiales, así como muchas otras vidas en conflictos más pequeños. (Luc. 21:24) El clero religioso ha bendecido estos conflictos, y sus representantes han servido frecuentemente de capellanes del ejército en ambos bandos. Al aprobar el sacrificio de vidas humanas han sido como la Jerusalén apóstata, a la cual Jehová condenó, al decir:

“En tus faldas se han hallado las marcas de sangre de las almas de los inocentes pobres.”

“Esto es lo que ha dicho Jehová de los ejércitos, el Dios de Israel: ‘Aquí estoy trayendo una calamidad sobre este lugar, de la cual cuando alguien oiga, le retiñirán los oídos; por la razón de que ellos me han dejado . . . y han llenado este lugar de la sangre de los inocentes.’”

Jehová castigó con severidad a los habitantes de Jerusalén por sacrificar “a sus hijos y sus hijas en el fuego.” El pueblo de la cristiandad se ha hecho acreedor a un castigo semejante.—Jer. 2:34; 19:3-5; vea también ÞJer. Ü7:31.

w81 15/11 18-19 La expulsión… desde qué punto de vista verla

“Todo el que se adelanta y no permanece en la enseñanza del Cristo no tiene a Dios. . . . Si alguno viene a ustedes y no trae esta enseñanza, nunca lo reciban en casa ni le digan un saludo. Porque el que le dice un saludo es partícipe en sus obras inicuas.”—2 Juan 9-11.

23 El apóstol que dio esa advertencia sabia había estado en íntima asociación con Jesús y sabía bien lo que Cristo había dicho acerca de saludar a otros. También sabía que el saludo común de aquel tiempo era “Paz.” A diferencia de algún “enemigo” personal u hombre mundano en autoridad que se opusiera a los cristianos, la persona expulsada o desasociada que estuviera tratando de promover o justificar su modo de pensar apóstata o estuviera continuando en su conducta impía ciertamente no sería nadie a quien desear “Paz.” (1 Tim. 2:1, 2) Y todos sabemos por nuestra experiencia de años que el decir un sencillo “¡Hola!” a alguien puede ser el primer paso que lleve a una conversación y tal vez hasta a una amistad. ¿Quisiéramos dar ese primer paso respecto a una persona expulsada?

w76 1/2 69 “Sigan haciendo esto en memoria de mí”

Cuando el emperador romano Constantino hizo que el cristianismo apóstata fuera la religión estatal (325 E.C.), el Concilio de Nicea ordenó que la celebración de la Pascua florida se efectuara siempre el domingo que subsiguiera a la Luna llena que se presentara el día del equinoccio primaveral (vernal), o la Luna llena que viniera tras ese día. Por lo general esta fecha del equinoccio es el 21 de marzo. Si el decimocuarto día contando desde la Luna nueva, considerado por ellos como el día de la Luna llena, caía en domingo, la celebración de la Pascua florida se difería hasta el domingo siguiente. Esto se hacía para no concurrir con los judíos y la minoría de cristianos, a los cuales se llamaba cuartodecimanos, que todavía tenían su celebración el catorce de Nisán. De esta manera la cristiandad ha llegado a tener su “Jueves Santo” siempre en jueves para conmemorar la Última Cena de Jesús, y su “Viernes Santo” siempre en viernes para conmemorar Su muerte

w76 15/8 511-2 Preguntas de los lectores

Así, Jehová dio advertencia oficial a los israelitas tanto en Babilonia como en Judá. Ezequiel, entonces, no solo sirvió de fiel ‘atalaya a la casa de Israel,’ sino que también se libró de llevar responsabilidad por culpa de derramamiento homicida de sangre por los miles que perdieron la vida en 607 a. de la E.C. (Eze. 3:17-19; 33:9) Hoy, de modo similar, los testigos de Jehová, tanto los de la clase de Ezequiel de los ungidos como los de la “grande muchedumbre,” se están manteniendo libres de culpa por derramamiento de sangre al servir en el escenario mundial como proclamadores del “día de la venganza” de Jehová, porque predican el mensaje de advertencia de Jehová a los habitantes de la Tierra.—Isa. 61:1-3; Mat. 24:14.

Se ve la sabiduría de Jehová en todo esto. Por el desempeño por Ezequiel de su servicio espiritualmente rico en Babilonia, no solo se tendría avisados a algunos de los exiliados allí en cuanto a los juicios de ejecución de justicia de Jehová que le vendrían a la Jerusalén apóstata, sino que también se les mantendría espiritualmente vivos para actividad futura. ¿Cómo podía ser eso? El propósito de Jehová era hacer que setenta años después este resto espiritualmente enriquecido volviera al suelo de la tierra de Israel como ‘plantíos’ revitalizados. (Isa. 61:3) Es verdad que la mayoría de los exiliados no prestó mucha atención a Ezequiel. Estos quedaron aturdidos cuando vino la confirmación de que Jerusalén ciertamente había sido destruida. En su incredulidad estaban totalmente desprevenidos cuando les vino esta terrible sacudida. Sin embargo, se vieron obligados a reconocer que en realidad Ezequiel había sido un profeta verdadero en medio de ellos. Esta experiencia aturdidora debe haber revivificado espiritualmente a muchos que, junto con su prole, se fortalecerían espiritualmente como los “higos buenos” que Jeremías predijo que volverían a Israel para formar una “nueva tierra” destinada a ser establecida después de 537 a. de la E.C.—Jer. 24:1-7; 28:4; Isa. 65:17.

A partir de aquí se citan argumentos para identificar a los verdaderos apóstatas, entre los que se pueden identificar en el centro del meollo a la Organización Watch Tower.

Pues si por providencia divina se nos llamo Cristianos ¿quién se ha puesto distintivos para separarse del verdadero cristianismo como Católico, Protestante, Testigo de Jehová….? Quien se ha separado del nombre elegido por ¿Providencia Divina? ¿Con que autoridad se ha hecho? ¿Acaso no es esto haber caído en una separación del cristianismo, y por lo tanto en la apostasía?

UN PUEBLO PARA SU NOMBRE

Padre nuestro [que estás] en los cielos, santificado sea tu nombre. – Mateo 6:9

Cada cristiano verdadero debe honrar, glorificar y hacer conocer el nombre del Dios del cielo y de la tierra. Las Escrituras que nos exhortan a hacerlo son numerosas, tanto en los escritos precristianos como cristianos.

Los Testigos de Jehová creen sinceramente que ellos son la única gente sobre la tierra que dan a conocer el nombre de Dios. Esto se debe a la gran frecuencia con la que utilizan el nombre “Jehová” tanto en su literatura como en su habla. El nombre se deriva de lo que se conoce como el “Tetragrámaton” (que significa “cuatro letras”), las letras hebreas “YHWH” 1 . El Tetragrámaton aparece cerca de 7.000 veces en los escritos bíblicos del Viejo Testamento (Génesis a Malaquías). No existe, entonces cuestionamiento sobre su importancia en los tiempos precristianos. Tampoco existe duda en cuanto a que entre los grupos religiosos mas conocidos que existen hoy día, ninguno utiliza el nombre Jehová con un mayor grado de frecuencia y constancia que los Testigos de Jehová. ¿ Los identifica esto como el “pueblo exclusivo del nombre de Dios”? ¿Se les debe dar crédito de haber “restaurado el nombre divino” sobre la tierra en tiempos modernos?

DE DÓNDE EL NOMBRE “TESTIGOS DE JEHOVÁ”?

Los afiliados con la Sociedad Watch Tower, durante el primer medio siglo de su existencia, no tuvieron un nombre o denominación particular. Ellos eran, según decían “estudiantes de la Biblia”. Tal como mencionamos en el capítulo 4, el fundador de la revista La Atalaya, y de la sociedad conectada con ésta, Charles Taze Russell, se opuso a la adopción de un nombre distintivo, debido a que consideraba tal hecho, como una forma de sectarismo. 2 El número de Abril de 1.882 de La Atalaya (páginas 7,8 en la versión en inglés) que discutía este asunto, citó en señal de aprobación las palabras de John Bunyan, que se encuentran en su conocido libro “El Progreso de los Peregrinos”:

Debido que ustedes conocerían por cuál nombre me distinguiría de otros, les digo que seré y espero ser un Cristiano; y escojo si Dios me encuentra digno, ser llamado Cristiano, un creyente, o cualquier otro nombre aprobado por el Espíritu Santo. Y respecto de estos títulos de sectas como Anabaptistas, Presbiterianos, Independiente o similares, concluyo que no llegaron de Antioquía ni de Jerusalén, sino del Infierno, de Babilonia, debido a que tienden a causar divisiones, ustedes los conocerán por sus frutos.

El acudir a nombres especializados fue descrito como un signo claro de sectarismo. Esta posición fue repetida en la respuesta a una pregunta que apareció en el número de Marzo de 1.883 (página 6). Junto con el rechazo a la idea de desarrollar una organización visible, la respuesta afirmó:

Siempre rehusamos ser llamados por nombre diferente al de nuestra cabeza –Cristianos- y continuamente proclamamos que no puede haber división entre aquellos que son guiados por Su espíritu y ejemplo conocidos por medio de Su palabra.3

Fue en 1.931 que Joseph F. Rutherford, el sucesor de Russell en la Presidencia de la Watch Tower, seleccionó el nombre “Testigos de Jehová” para los miembros de la organización. Rutherford afirmó que el nombre escogido era “el nombre que la boca del Señor Dios ha nombrado, y deseamos ser conocidos por el nombre ‘Testigos de Jehová’”. Isaías 43:10-12: 62:2 y Revelación 12:17 fueron citados como base para la adopción de este nombre.4

Al leer estos pasajes, sin embargo, no revelan de manera alguna que el propósito de Dios con estas palabras ahí habladas era el de formar un nombre distintivo para que lo llevaran Cristianos 2.600 años más tarde. Isaías 43:10-12, es el texto primordial utilizado por la organización para justificar el nombre escogido. Sin embargo, este texto simplemente presenta una escena de Corte figurativa, en la cual se reúne a todas las naciones, y ante la cual Dios llama al pueblo de Israel para que rindan testimonio del poder salvador que ejerció en su beneficio. ¿Por qué entonces, de todas las afirmaciones que Dios efectuó sobre la nación de Israel, deberían estas palabras convertirse en el “nombre que la boca del Señor ha nombrado” para colocarse sobre los cristianos hoy día?

En Hechos 11:26, leemos que “a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía”. Este fue el nombre por el cual fueron conocidos y que ellos mismos utilizaron, como se demuestra en los textos de Hechos 26:28 y 1 Pedro 4:16. La traducción del Nuevo Mundo vierte Hechos 11:26 así: “fue por primera vez en Antioquía en donde por providencia divina se les llamó a los discípulos, Cristianos”. Aunque tal versión sea exacta o no, permanece la pregunta ¿con qué derecho un hombre o grupo de hombres decide adoptar un nombre diferente al utilizado por los cristianos del primer siglo?, ¿Donde está la autorización o la dirección divina para hacer esto? Entre las últimas palabras habladas por el Hijo de Dios a sus discípulos sobre la tierra está el mandamiento:

Serán Testigos de mí tanto en Jerusalén como en toda Judea como en Samaria y hasta la parte más distinta de la tierra.5

¿Con qué derecho entonces, hombres que alegan ser seguidores de las huellas del Hijo de Dios escogen un nombre que ni siquiera alude testimonio al Cristo? ¿ Cómo justifican ellos haber escogido un nombre que data de 700 años antes de la aparición del Mesías, en las palabras habladas al pueblo judío bajo el pacto de la Ley ?6

La mayor justificación se dio en 1.931, y de ahí en adelante se ha afirmado que no existe nada distintivo en el nombre “Cristianos”. Este nombre ha sido utilizado por cientos de millones de personas alrededor del mundo, divididos en cientos de diferentes denominaciones y sectas. Sin embargo, ¿qué prueba o logra la adopción de un nombre diferente? Simplemente sigue el patrón establecido por esos mismos cientos de denominaciones. Cada uno de ellos ha hecho la misma cosa, han adoptado un nombre distintivo tal como Católicos Romanos, Católicos Ortodoxos, Católicos Marionitas, Luteranos, Metodistas, Bautistas, Iglesia de Cristo, Iglesia de Dios, Menonita, Sociedad de Amigos y así por el estilo.

El que no todos los que adoptaron el nombre”Cristianos” se comporten como tal es evidente. Cristo Jesús advirtió sobre la apostasía en su parábola del trigo y la mala hierba. El apóstol Pablo, quien fue conocido como “Cristiano” hizo eco de esta advertencia en sus escritos. 7 En Revelación, el apóstol Juan denunció el estado adúltero impuro que existía en algunas de las congregaciones de su día. 8 Se reconoció claramente que muchos de ellos serían falsos Cristianos. Pero ni Cristo, ni Pablo, ni Juan ni cualquiera de los escritores bíblicos indicaron que un cambio de nombre podría en ningún caso remediar la situación. No era mediante la adopción de algún nombre diferente, una nueva etiqueta, sino mediante el curso de vida que sería ejemplificado el cristianismo genuino, y mediante la adherencia a la verdad como se encuentra en las enseñanzas del Hijo de Dios y sus apóstoles y discípulos, como se haría la única distinción significativa.9 Cuando los Ángeles de Dios llevan a cabo la última parte de la ilustración parabólica, cuando separan el trigo de la mala hierba en el tiempo de la cosecha, las etiquetas en forma de nombres o denominaciones con seguridad no jugarían papel alguno.

¿Quien se ha separado del Cuerpo de Cristo, sino quien se ha separado de una congregación cristiana para hacer una organización sectario religiosa para amordazar las conciencias de sus súbditos, y así privarlos de la libertad que Cristo nos da?

El “cuerpo de Cristo”, una organización religiosa

o una comunidad de tipo familiar?

Si entramos en tal relación personal con Dios a través de la fe en el sacrificio de su Hijo, no permanecemos solos. Nos hacemos parte de ese “pueblo libre” cuya “ley” es la ley del amor, escrita no en tablas, sino en corazones humanos.

A todos éstos se les describe como formando parte del “cuerpo de Cristo”. El unirse a alguna organización o denominación religiosa o iglesia no tiene nada que ver con el ingreso en ese cuerpo. Nos convertimos en miembros de ese cuerpo de Cristo de una sola manera, por nuestra fe. Cualquiera que haya aceptado al Hijo de Dios como su Cabeza, se convierte en parte de ese cuerpo. Es la fe individual, personal de cada uno lo que lo conecta a esa Cabeza, y la jefatura guiadora de Cristo continúa siempre disponible a cada uno como persona. Aunque forma parte de un cuerpo colectivo debido a una fe compartida mutuamente, nadie depende de la intervención o mediación de otro miembro o grupo de miembros para tener acceso a esa jefatura o para recibir su guía. Pues “Cristo es la cabeza de todo varón” y, a través de Cristo y de parte de Dios “a cada uno [a cada hombre y a cada mujer] le es dada la manifestación del Espíritu para provecho”, asignando Sus dones “a cada uno en particular”. Hay “diferentes capacidades que una persona puede recibir”, “diferentes maneras de servir” y “diferentes maneras de hacer las cosas” pero el “mismo Espíritu”, el “mismo Señor” y “el mismo Dios el que las hace en todas las personas“.

Este hecho de relación personal con Dios y Cristo se afirma de otro modo en las palabras de Jesús registradas en el capítulo quince del evangelio de Juan. Allí se representa a sí mismo como una vid y a sus seguidores como sarmientos unidos a la vid. Él no se presenta a sí mismo como simplemente las raíces de la vid y dice que la congregación es el tronco al cual deben estar sujetos sus seguidores. El estar unido a otros sarmientos tampoco es el vínculo vital. Es a Cristo, la vid, y a Cristo solo. Es en virtud de apegarse firmemente a él, y sólo a él, como la vid dadora de vida, que todos ellos son traídos a una unidad. Permanecen en esa vid por ‘permanecer en su amor’. Ese amor es la fuerza que los agrupa en una unidad, el cuerpo de Cristo.

Como miembros de ese cuerpo, también es cierto que somos “miembros que pertenecemos individualmente unos a otros”. A los cristianos se les muestra que deben ser, no miembros de un sistema religioso, sino miembros de una comunidad religiosa, un cuerpo de personas similar a una familia bajo un cabeza de familia, el Hijo de Dios. Los términos “familia” como en “familia de la fe” y “casa”, como en “casa de Dios”, se emplean para describir este hecho, y enfatizan la naturaleza como de familia que tiene la comunidad. Describiendo el efecto de las buenas nuevas para los creyentes gentiles al abrirles una nueva relación, el apóstol escribe:

Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de dos pueblos [judío y gentil] hizo uno . . .y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, . . . porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.

Es cierto que a la vez que se les llama “familia de Dios” o “casa de Dios”, también se habla de ellos como “conciudadanos”, miembros de una “nación santa”. Esto podría parecer que da apoyo a un fuerte aspecto “organizacional” de la comunidad. Pero aunque a los cristianos se les asemeja a una nación, no se pone ningún énfasis en el concepto de organización visible, terrenal. Se les recuerda que su “ciudadanía existe en los cielos” y que deberían ser como aquellos hombres que esperaban “la ciudad que tiene fundamentos verdaderos, cuyo edificador y hacedor es Dios” y “un [lugar] mejor, es decir, uno que pertenece al cielo”. Ellos son “conciudadanos” de igual rango, y su único gobernante es uno celestial. El que ellos sean conciudadanos ocurre, de hecho, en virtud de que todos tengan a Cristo como su Rey, y de que no contemplen a ningún gobernante terrenal, ni a ninguna forma de cuerpo gobernante que sirve en una capital terrenal—en Jerusalén, Roma, Brooklyn o en cualquier otro lugar—a través del cual fluyen las leyes y normas. El conducto de comunicación del rey es por medio del espíritu santo, que guía, dirige, instruye. Si los apóstoles hubieran querido enfatizar el concepto de organización, esta analogía de nacionalidad hubiera sido idealmente adecuada para hacerlo. En lugar de eso, en sus escritos raramente hacen referencia a este aspecto, y nunca lo resaltan como dominante. Más bien es la relación de familia a la que consistentemente se le da la mayor prominencia. Cuando se dirigen a los compañeros creyentes, nunca es como “mis conciudadanos”, sino consistente y predominantemente como “mis hermanos” (de modo similar, aunque forman un templo espiritual y un sacerdocio real, no se dirigen unos a otros como “mis compañeros sacerdotes”). Todos ellos son parte de la casa de Dios, hermanos y hermanas en la única familia bajo Cristo. Cristo mismo había colocado el fundamento para esa actitud de familia, diciendo:

Quién es mi madre y mis hermanos? Y mirando a los que estaban sentados alrededor de él, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.

Con ese mismo espíritu, Pablo escribió a Timoteo:

No reprendas al anciano, sino exhórtale como a padre; a los más jóvenes, como a hermanos; a las ancianas como a madres; a las jovencitas, como a hermanas, con toda pureza.

A la vista de toda esta evidencia y del ejemplo apostólico, ¿por qué favorecería un sistema religioso el poner el énfasis dominante en un concepto de organización más bien que en esta relación de familia? La razón evidente es que esto último, si se aplica genuinamente, no se presta a una aproximación autoritaria. Pues en esta familia, hay “solamente un Padre, el que está en el cielo” y “todos vosotros sois hermanos, y tenéis solamente un Maestro, que es Cristo”.

La ekklesia cristiana del primer siglo

La expresión más frecuente que se encuentra en las Escrituras Cristianas para describir colectivamente a los cristianos es el término griego ekklesia, que se traduce usualmente “iglesia” o “congregación”. Es de destacar, sin embargo, que este término por sí mismo no tiene ningún significado religioso. Su uso común en el griego era para describir una “asamblea” de ciudadanos convocados para decidir asuntos que afectaban a su bienestar. Encontramos que se usa este sentido típico, seglar, no religioso, en Hechos 19:32, 39, al describir la asamblea apresuradamente convocada de los plateros en Éfeso. Es evidente que por sí mismo, no transmite ninguna idea de una “organización” en el sentido de un arreglo estructurado, sino simplemente el de una asamblea de gente para considerar algún asunto de interés mutuo, o el de las personas mismas reunidas para tal fin.

Los cristianos del primer siglo no “pertenecían” a una ecclesia, iglesia o congregación local, en el sentido de pertenecer, o de ser miembros formales de una organización religiosa. Si se reunían con otros, formaban parte, en virtud del propio acto de reunirse, de la “reunión” o “asamblea” local (ekklesia). La “llamada” que los congregaba no provenía de alguna autoridad religiosa. Era la llamada de las buenas nuevas que los atraía, una llamada no meramente para compartir sus propios pensamientos y opiniones, sino básicamente para oír el mensaje de Dios. Y durante el primer y segundo siglo, cuando se reunían lo hacían, no en edificios religiosos especiales, sino en hogares. Discutiendo el término ekklesia tal como lo empleó Pablo en sus primeras cartas, el erudito Robert Banks afirma:

. . . nunca durante este período se aplica el término al edificio en el cual se reúnen los cristianos. Sea que estemos considerando las pequeñas reuniones de sólo algunos cristianos en una ciudad o las reuniones más grandes que incluyen la entera población cristiana [en esa ciudad], es en el hogar de uno de los miembros, donde se celebra la ekklesia—por ejemplo en el “aposento de arriba” [Hechos 20:8]. No es hasta el tercer siglo que tenemos evidencia de que se construyan edificios especiales para las reuniones cristianas y, entonces incluso, estaban modelados según la estancia en la cual se recibía a los huéspedes en la típica casa romana y griega.

De modo similar, el comentario The Expositor’s Greek Testament afirma:

Hasta el tercer siglo no tenemos ninguna evidencia cierta de la existencia de edificios de iglesia para el propósito de la adoración; todas las referencias señalan a casas para ello.

Puesto que ellos por sí mismo formaban un “lugar” espiritual “donde habite Dios”, no tenían necesidad de edificios especiales para adoración (ni estaba limitado a ciertos momentos o ciertos días el “habitar” de Dios en ellos). Como muestra la evidencia arqueológica, los hogares de aquellos tiempos rara vez tenían una estancia con capacidad para más de unas cuarenta personas. Por lo tanto, las reuniones eran relativamente pequeñas. Estas reuniones en hogares suministraban un contexto en el que se podía desarrollar el sentimiento de una relación como de familia, pues creaban una atmósfera conducente a la expresión de los lazos que les unían en una hermandad, y favorable para que creciese y se profundizase ese sentido de hermandad. Podían llegar a conocerse más fácilmente y a tomar conciencia de las necesidades, intereses y preocupaciones mutuas.

Esta imagen de una congregación puede ser bastante diferente del concepto que prevalece en la mayor parte las personas hoy, ciertamente distinta de aquello a lo que está acostumbrada la mayoría. No obstante, abarca lo que quizás sea un aspecto incluso más fundamental del cristianismo y del significado esencial de la palabra “congregación” o “iglesia” (ekklesia) en términos cristianos. Señalando a esto, el conocido erudito suizo Emil Brünner escribe:

Donde se cree y se predica la Palabra de Dios, donde se reúnen dos o tres en el nombre de Cristo, allí está la Iglesia. Sea lo que se diga adicionalmente sobre la Iglesia, esto es fundamental. Esta afirmación nunca—ni siquiera en nuestro día de hoy—se ha entendido en toda su fuerza revolucionaria. La asamblea de dos o tres debe reconocerse como que es la Iglesia, aunque sea en forma imperfecta. Cuando un padre reúne a su familia alrededor de él para exponerles el Evangelio según su manera humilde, o cuando un lego, con un corazón completo, proclama la palabra de Dios a un grupo de gente joven, allí está la Iglesia. Quienquiera que se separe de esta regla, quienquiera que piense que se debe añadir algo más para hacer de esto la Iglesia real, ha entendido mal el significado del mismo corazón de la Fe evangélica.

La mayoría hoy día cree que “se debe añadir algo más”. La misma simplicidad del asunto va en contra de su concepto de una “congregación”. Las religiones, por lo general, intentan superponer la idea de “organización” o “denominación”, con una estructura de autoridad añadida, como algo necesario para que cualquier asamblea pueda ser reconocida como una congregación cristiana “real”. El mensaje bíblico no les apoya. La promesa de Cristo no les apoya. La asamblea de dos o tres no tiene por qué ser todo lo que uno desearía, ni debería frenar la fuerza que impele a abrirse para alcanzar a otros, pero es suficiente para que apliquen las palabras de Cristo: “allí estoy yo en medio de ellos”. La adición de cien o mil personas a las dos o tres, el traslado del lugar de reunión a un gran edificio, o la presencia de una docena o más de hombres que detentan un cargo por nombramiento organizacional, no añadiría un ápice a la “realidad” de que eso es una asamblea o una congregación cristiana. La presencia del Hijo de Dios, el Cabeza de la congregación, es la única validación necesaria.

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1 Comentarios.

  • JOSE dice:

    EXCELENTE INFORMACION REALMENTE VERDADERO EN CONTRASTE CON LAS ENSEÑANZAS ERRONEAS DE LOS TESTIGOS , TODO EL RAZONAMIENTO ESTA BASADO EN LA MAS ALTA AUTORIDAD LA BIBLIA.ES UNA ENSEÑANZA QUE LOS TESTIGOS NÓ COMPRENDEN PORQUE NÓ SON CRISTIANOS VERDADEROS. LOS RESPONSABLES DE LOS TESTIGOS DIRIGEN A LAS PERSONAS A ELLOS NÓ A JESUS COMO CABEZA DE LA IGLESIA O CONGREGACION.



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